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Niños que no paran o se distraen con facilidad: comprender su movimiento antes de poner etiquetas

  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

Por: Rocío Chocano




Cuando un niño se mueve mucho o parece distraerse con facilidad, es casi inevitable que los adultos se preocupen. En casa o en el colegio suelen aparecer frases como: “no se queda quieto”, “se distrae todo el tiempo” o “no presta atención”. Y claro, es entendible: estas situaciones generan inquietud y, a veces, la sensación de que algo no está bien.


Sin embargo, recordemos que, en la infancia, el movimiento y la atención no funcionan igual que en los adultos. Los niños conocen el mundo principalmente a través del cuerpo, la curiosidad y el juego. Se mueven, exploran, tocan todo, cambian de una actividad a otra… a veces pasan de un juego a otro en segundos o se detienen en cosas que para un adulto podrían parecer mínimas, pero que para ellos tienen todo el sentido. Y en ese ir y venir también están aprendiendo.


Comprender antes de poner etiquetas


Frente a esto, es fácil caer en la tentación de buscar una explicación rápida o incluso un diagnóstico. Pero quizás valga la pena hacer una pausa y preguntarnos qué le está pasando a ese niño en particular.


En este sentido, la psicoanalista Beatriz Janin (2004) advierte que muchas veces se agrupa a niños muy distintos bajo una misma etiqueta, como si todos respondieran a lo mismo. Desde su experiencia clínica, señala que muchos niños diagnosticados con TDA o TDAH presentan situaciones muy diferentes entre sí.


El lugar del juego


A veces, la inquietud o la distracción aparecen en momentos de cambio, de preocupación o cuando el niño no encuentra cómo expresar lo que siente. Otras veces, simplemente tienen que ver con la energía propia de la edad.


El movimiento puede ser una forma que tienen los niños de regularse, de descargar lo que les pasa o incluso de buscar contacto con los demás. Como plantea Janin, ciertas dificultades o conflictos pueden manifestarse justamente a través de la desatención o la hiperactividad.


Por eso, el juego es tan importante. Es el espacio donde los niños pueden elaborar lo que viven, expresar emociones y decir, de otra manera, aquello que todavía no pueden poner en palabras.


Mirar al niño en su singularidad


Más que centrarnos solo en si un niño “se porta bien” o “presta atención”, quizás nos ayude abrir otras preguntas: ¿qué le interesa?, ¿cómo juega?, ¿cuándo se inquieta más?, ¿qué podría estar intentando decir con su comportamiento?


Al final, comprender a un niño implica mirar un poco más allá de lo evidente y ofrecerle espacios donde pueda expresarse y sentirse escuchado.


Antes de poner etiquetas, tal vez lo más valioso sea detenernos un momento y tratar de entender qué hay detrás de esa forma de moverse o distraerse.


Referencias bibliográficas

Janin, B. (2004). Niños desatentos e hiperactivos: ADD/ADHD. Reflexiones críticas acerca del trastorno por déficit de atención con y sin hiperactividad ADD ADHD. Noveduc.


 
 
 

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