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MADRE DE MI HIJA E HIJA DE MI MADRE: FANTASMAS DE LA INFANCIA

Por: Ingrid Flores


Cuando los gritos

de la madre sean escuchados,ella

oirá los gritos de su hijo (Fraiberg, 1975)

Durante el proceso de embarazo, la madre interactúa con el no nacido siguiendo inconscientemente las ideas previas, concepciones, miedos, estilos de crianza, etc. que recibió y vivenció previamente en su niñez, conllevando una serie de emociones relacionadas a cómo haya vivenciado este periodo. En este sentido, se entabla una dualidad (madre-bebé), una fusión tanto física como emocional entre ellos. Es decir, cuando la madre se alimenta, él bebé también lo hace, igualmente, si experimenta alguna conmoción o inquietud, el feto, a través del vínculo dual, lo sentirá, pues este es un ser consciente, que siente y recuerda lo que percibe durante su desarrollo en el vientre materno, hasta su nacimiento (Verny, 2009).

Luego de ello, está unión que era tanto física como emocional se restablece al momento del parto. Siendo ahora, una fusión más emocional, puesto que lo que se separa solo es el cuerpo físico. Como bien menciona Winnicott (1990) no existe un bebé, lo que existe es una madre y su bebé, la cual le proporciona todos los cuidados primarios, físicos y afectivos que este necesita. Pongamos un ejemplo: Si una madre está caminando con su bebé y hace calor, ambos lo sentirán y probablemente se quiten alguna prenda para regular esta sensación. En cambio, si baja la temperatura, trataremos de abrigarnos para aumentar el calor. Traigo este ejemplo para explicar cómo permaneciendo en el mismo lugar, misma sintonía, misma experiencia, sentirán lo mismo que sus hijos y solo así, se podrá cubrir y satisfacer sus necesidades en torno a ello.

Sin embargo, ¿Qué ocurre cuando no podemos sentir o conectarnos con nuestro bebé? ¿Somos malas madres?

Muchas veces, lo que impide conectarse con ellos, son los propios fantasmas de la infancia. Esto refiere a que son nuestras propias experiencias infantiles con nuestros cuidadores las que se reactualizan, intervienen e influyen en la relación y la calidad del vínculo que se formará con el infante (Bornstein, 2002). Son estas experiencias, que a pesar que no se recuerde o se haya reprimido, aún residen en nuestra conciencia, como una huella psíquica, y que, en la relación con los hijos, se reproducen. Repetimos la tragedia, que no hemos podido procesar o recordar, y de la misma manera, repetimos las formas de afecto y vínculos desde el amor que hemos recibido en nuestros hogares.

Esto puede traer consigo sentimientos de cansancio, incompetencia o recriminación por sentirse “mala madre” al no poder cubrir satisfactoriamente las necesidades de nuestros niños, a ello me refiero, por ejemplo, luego de haber alimentado y cambiado al bebé, este continúa llorando o el hecho de no poder alimentarlos mediante el pecho o comidas, porque puede surgir en la madre sentimientos negativos al hacerlo. Y esto es porque, en algún momento de nuestra niñez puede que hayamos tenido una experiencia no tan placentera y ello se vuelve a representar en la relación con el bebé. En este sentido, el bebé siente como propio todo lo que siente su madre, sobre todo lo que ella no puede reconocer, lo que ha relegado a la sombra (Gutman, 2020). Lo cual conlleva a que este pueda sentirse frustrado, irritado, con dificultad para mamar, alterando horarios de sueño o incluso llorar por largas horas.

Finalmente quiero recalcar que la dificultad para conectarnos con nuestros hijos, no significa ser una mala madre. A veces, hay impedimentos para ello, porque hay que tener en cuenta que esta fusión provoca y evoca reacciones en ambos. Lo esencial es poder encontrar un espacio para pensarlo, reflexionarlo, y ponerlo en palabras, ya que ello posibilitará la conexión entre sus experiencias y los sentimientos que conllevan, para así formar una relación satisfactoria para ustedes, el bebé y la estabilidad psíquica de los dos.

¡Los invitamos a no solo fusionarse emocionalmente con sus hijos, sino también, con sus niños interiores!

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Bornstein, M., (2002). Handbook of Parenting: Being and Becoming a Parent

Gutman, L. (2020). La maternidad y el encuentro con la propia sombra. Sudamericana.

Verny, T. & Kelly, J. (2009). La vida secreta del niño antes de nacer.

Winnicott, D. W., Winnicott, C., Shepherd, R., & Davis, M. (1990). Los bebés y sus madres. Paidós.

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