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Bailando con la inseguridad

Por: Ingrid Flores


Inseguridad. Palabra que engloba millones de significados y emociones. Palabra que a veces no queremos pensar. Palabra que es difícil de verbalizar y aceptar. ¿Quién alguna vez no ha sentido inseguridad? ¿Has sentido tú, querido/a lector/a, inseguridad?

En todas sus dimensiones, en todo lo que abarque tal palabra. Esa sensación incómoda o molesta que a menudo viene a visitarnos; como la tía pesada, que no nos cae pero que viene a saludar un domingo a preguntarnos cómo estamos. O el invitado no deseado pero que siempre logra colarse en nuestra fiesta.

Y, luego, está esa inseguridad. La que sentimos cuando nos miramos en un “espejo”. Un espejo cóncavo, a mi parecer o como esos espejos chinos que nos hacen ver más como extraterrestres que como nosotros mismos en realidad. Pero que, al final y al cabo, todos ellos distorsionan nuestra verdadera imagen y nos dan una visión fragmentada de nosotros mismos, como extraños en nuestra propia piel.

Incluso, si pensamos en la famosa frase de la película de Blancanieves “Espejito espejito, ¿dime quien es la más bonita del Reino?” podemos pensar: ¿Por qué la Reina Malvada le tiene que preguntar a otro, en este caso un espejo, quién es la más bonita? ¿La Reina Malvada, entonces, no se consideraba bonita? ¿La Reina Malvada se sentía insegura consigo misma?


Pero, dentro de todo, nos hace preguntarnos ¿qué es la inseguridad?. Es esa sensación que nos hace sentirnos insatisfechos, es lo que nos hace dudar, cuestionar e incluso comparar. ¿Con quién te comparas tú, querido lector? ¿Qué comparas de tí? ¿Qué te hace sentir? ¿Por qué te hace sentir así? La inseguridad es la nube negra que viene después de un día de sol. Son esas voces que gritan fuerte, tan fuerte que nos hace querer taparnos los oídos y querer huir. Huir. Huir. Huir. ¿Huir de quién? ¿De ellas? O, tal vez, de nosotros mismos. De la parte de nosotros que escucha esas voces y las cree o de la parte de nosotros que no quiere escucharlas, porque les duele.


La inseguridad respecto al propio cuerpo se expresa en muchas maneras; cuando me miro y no me siento satisfecho con algunas partes de mi cuerpo, lo que me hace preguntarles ¿en qué parte de su cuerpo se sientes así. Quizá la respuesta la encontremos en la canción de Residente “cabeza, rodilla, muslos y cadera”. O puede hallarse en otros aspectos, como en partes de nuestro rostro o la elección de nuestra vestimenta, en cómo nos queda tal vestimenta, en cómo nos sentimos con ella. E incluso, muchas veces, lo podemos enfocar en la comparación con otros, en sí a otra persona le queda mejor la ropa, en por qué a otra persona le queda mejor la ropa. Tantas y diversas respuestas sobre qué nos causa inseguridad.


Es así que, en este constante diálogo con nuestras inseguridades, descubrimos no sólo la vulnerabilidad que podemos sentir, sino también la oportunidad de abrazarla, de bailar con nuestras propias sombras, de entregarnos a ellas y que, cuando finalmente acabe la música, sea nuestra oportunidad de despedirnos, deseandole un buen viaje, tal vez uno sin retorno, pero de uno de aprendizaje.


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