Cuando a mi niño "le pica la mano"

Por: Francesco Lavarello Rojas


Todas las madres y todos los padres tienen algunas dificultades cuando crían a sus hijos, especialmente cuando es su primer hijo. Por lo que, cuando un niño recién nacido necesita comunicar que tiene hambre, frío, sed o cualquier otra inquietud llorará o gritará como único medio para hacerles saber a su madre o padre que necesita que ellos le den aquello que no puede obtener por sus propios medios. Esto último, no quiere decir que sean caprichosos o vayan a ser engreídos como ya lo han leído en otros artículos de La Casa de la Familia. En el caso de las madres y padres se les pide no restringirse a sí mismos para estos pedido que hace el hijo, a pesar de ser muy frustrante cuando no aciertan con la necesidad comunicada. Pero siempre acompañada con el uso de la palabra como: “Acá esta tu lechita caliente para que seas fuerte y feliz” o “¿Qué pasó? ¿Quién te asustó?”


Por otro lado, cuando el niño empieza a crecer, no solo en cuerpo sino también neurológicamente, ya no suele recurrir tanto a los gritos o al llorar para pedir a los padres que le den algunas cosas que necesite. Ahora el niño de 14 o 16 meses de nacido, suele usar el movimiento corporal y coordinación psicomotriz para agarrar las cosas que necesita, pero también las que desea. Entonces se presenta aquí una de las dificultades de la crianza que se tiene con un niño cuando está en el período de “agarrar todo” o “le pica la mano”.

Lo que suele suceder en esta edad del niño es que suele tocar cualquier cosa de la casa como clavos, colonia, celular, enchufes, etcétera. El niño casi como un investigador o descubridor de las cosas del hogar puede dañarse con esos objetos que quiere tocar, oler, chupar, hacer sonar o lanzar, como consecuencia los padres suelen estar las 24 horas del días en vigilancia con él o ella. Pero también podría ayudar a su potencial autonomía cuando sea mayor que la madre o el cuidador más cercano le diga con palabras: “Ten cuidado con la taza que está caliente” o “Si quieres usar el tenedor, lo puedes usar así”. Se podría pensar que el niño no comprenda lo que le están diciendo en ese momento por su temprana edad, sin embargo, el problema no va por ese lado sino que pueda saber que sus padres confíen sus capacidades y lo reconozcan como una persona que cuando sea más grande podrá hacer ese tipo de cosas como su madre o padre.


Si se actúa con gritos, escandalizarse o censurar de manera negativa puede que el niño reciba esta información como una amenaza u origine desconfianza en él mismo. Por eso se anima a las madres y los padres a seguir usando su palabra con dulzura y con tiempo para explicarle al niño aquello que él mismo va descubriendo.


Referencias bibliográficas


Dolto, Françoise (1998). El niño y la familia. Desarrollo emocional y entorno familiar. Barcelona, España: Ediciones Paidós Ibérica.


Maza, B. (Ed.). (2009). La Casa de la Familia: Una contribución psicoanalítica a la salud pública en el Perú. Lima, Perú: Vicerrectoría Académica de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.  

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